miércoles, 27 de junio de 2012

GENESIS 12: Abram desciende a Egipto



SIGUIO SU CAMINO
Es curioso que luego que el Señor le mostrara a Abram la Tierra Prometida, él no se quedó allí. 
(Gen. 12:9)  Y Abram siguió su camino, continuando hacia el Neguev. 

Al leer esto, debemos hacernos una pregunta: ¿por qué se marchó Abram del lugar que Dios le había señalado?  ¿Acaso no le gustó?  Tal vez sintió un poco de frustración, ya que el Señor le había dicho que la tierra se la daría a su “descendencia”, y la realidad es que él no tenía hijos.  Tal vez siguió buscando prados más verdes. Si eso era lo que buscaba, ciertamente encontró lo opuesto al dirigirse hacia el sur.  El Neguev es el desierto al sur de Israel; la palabra literalmente significa “árido, reseco”, y así es.

desierto del Neguev

Para complicar la situación, hubo hambre en la tierra, lo cual sucede generalmente como consecuencia de una sequía.


HAMBRE EN LA TIERRA
(Génesis 12:10)  Y hubo hambre en la tierra; y Abram descendió a Egipto para pasar allí un tiempo, porque el hambre era severa en la tierra. 

Cuando la Biblia habla de ir a Jerusalén, siempre lo describe como “subir”.  Pero cuando se refiere a ir a Egipto o Babilonia, como “descender”.  Esta descripción no tiene nada que ver con la dirección de donde uno venga (norte, sur, este, oeste), sino el lugar hacia donde uno va.  Es una expresión espiritual.  Egipto y Babilonia representan el mundo, y por eso uno “baja”; mientras que Jerusalén es el lugar que Dios escogió para poner allí Su Nombre (Deu. 12:5; I Reyes 14:21), el Templo, la capital de Su Reino en la Tierra, y por eso uno “sube” allí. 

Abram “descendió” a Egipto.  Bajó de nivel, pues no era el lugar donde debía estar.  Abram se topó con un desierto.

Cuando uno se sale del Plan de Dios, uno se topa con “desiertos” en la vida.  Luego, las cosas se complican.  Eso fue lo que le sucedió a Abram:
(Gen. 12:11-13)  Y sucedió que cuando se acercaba a Egipto, dijo a Sarai su mujer: Mira, sé que eres una mujer de hermoso parecer;  (12)  y sucederá que cuando te vean los egipcios, dirán: "Esta es su mujer"; y me matarán, pero a ti te dejarán vivir.  (13)  Di, por favor, que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y para que yo viva gracias a ti. 

Algunos podrían considerar que Abram fue muy “listo”.  El problema está cuando uno confía más en la astucia propia que en la protección de Dios.  Cuando el hombre “mete sus manos” y manipula, las cosas no suelen salir bien…
(Gen. 12:14-20)  Y aconteció que cuando Abram entró en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era muy hermosa.  (15)  Y la vieron los oficiales de Faraón, y la alabaron delante de él; y la mujer fue llevada a la casa de Faraón.  (16)  Y éste trató bien a Abram por causa de ella; y le dio ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos.  (17)  Pero el SEÑOR hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas por causa de Sarai, mujer de Abram.  (18)  Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿Por qué no me avisaste que era tu mujer?  (19)  ¿Por qué dijiste: "Es mi hermana", de manera que la tomé por mujer? Ahora pues, aquí está tu mujer, tómala y vete.  (20)  Y Faraón dio órdenes a sus hombres acerca de Abram; y ellos lo despidieron con su mujer y con todo lo que le pertenecía.

Las leyes de Dios no sólo aplican al pueblo de Dios, sino a todo el universo.  Son leyes universales, como las leyes físicas.  La Biblia dice que la consecuencia del pecado es maldición (Deut. 28) y “no hay maldición sin causa” (Prov. 26:2).  Tal vez Abram no lo sabía, o tal vez se creyó más listo que Dios.  Para más, los egipcios sabían que si se salían del orden del universo, vendrían consecuencias. 

Uno hubiera pensado que Abram aprendió de este error, pero veremos más adelante que cometerá la mismísima falta…pero dejémoslo para más tarde…

¿Qué hubiera sido lo correcto en esa situación?  Primero, no salirse de la voluntad de Dios, porque nos exponemos.  Segundo, confiar en Dios, y no en nuestra propia astucia.
(Proverbios 3:5-7)  Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento.  (6)  Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas.  (7)  No seas sabio a tus propios ojos, teme al SEÑOR y apártate del mal.

La clave está en confiar en Dios.  Pero no podemos estar “confiados” si no estamos en la voluntad de Dios.  La obediencia trae seguridad, más la desobediencia inseguridad. Todo comienza con permanecer en el propósito de Dios.

Por lo menos debemos reconocerle un mérito a Abram: no regresó a su patria de nacimiento, ni se refugió entre sus parientes, lo cual hubiera sido más fácil.
(Hebreos 11:15-16)  Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver.  (16)  Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad.



2 comentarios:

  1. Muy interesante la relación del oriente-occidente con el camino de la luz

    ResponderEliminar
  2. Hola, creo que en el caso específico de Abraham no se debería de aplicar lo de Egipto porque él ni siquiera salió de allí, cosa contraria con el pueblo de Israel que salió de allí y deseaba regresar, porque en todo caso también hablaríamos de Jacob cuando sus hijos fueron por comida a Egipto, José no descendió tampoco sino que fue prosperado en Egipto, creo que hablar de Egipto como descender es preferible aplicarlo apartir de el pueblo de Israel, saludos

    ResponderEliminar